sábado, 25 de octubre de 2014

Dip de paté de berenjena y comida campera

La verdad es que estamos teniendo un tiempo que no es muy normal para esta época del año, pero como se suele decir, ¡qué nos quiten lo bailao!, que ya nos vendrá el frío.

El martes los niños estuvieron de excursión con el cole, fueron a Valladolid a algo llamado Miniminci, que es parte de la Seminci pero que está dedicada a los niños. ¡Qué tiempos aquellos, cuando yo aún era una jovencita con la carrera recién terminada, viviendo en casa de mis padres en Valladolid!¡Cuántas veces habré visto esas pelis de la Seminci!¡y cómo me gustaba!, ¡y ahora ni me acuerdo de ella, qué cosas!

berenjenas lavadas

En fin, el caso es que creo que era la primera vez que faltaban los niños en casa a la hora de comer, y como se nos hacía raro estar sin ellos decidimos hacer algo que también hacemos de vez en cuando con ellos, y fue ir a comer al campo, que con este tiempo tan bueno es todo un lujo.

Así que nos preparamos una tortillita con unas setas senderinas que había confitado para que no se me estropearan, cogimos un poco de pan, algo de fruta, y....¡tachán!, ¡y el paté de berenjenas!, lo metimos todo en una bolsa de esas que son tipo nevera, y al río.

tostada de tomate triturado y bocata de tortilla de setas

¡Y qué gozada!, porque la temperatura era ideal, no corría ni una brizna de aire, y tampoco molestaba el sol. Hacía para estar en manga corta, y eso, cuando estamos a menos de 15 días de que empiece noviembre, es algo increíble por esta zona.

paté de berenjena, manzanas, mandarinas y pan
manzanas, mandarinas y tostada de paté de berenjenas

Encima el campo ahora está precioso, porque a los árboles les da igual que haga bueno, ellos siguen su evolución como si tal cosa, y si las hojas se tienen que poner pardas y amarillas y caerse, ¡pues se ponen pardas y amarillas y se caen!, así que esos colores otoñales, la temperatura, la comida tan rica de bocata y picoteo, pues que queréis que os diga, que todo eso, y con la compañía de Óscar, no se podía pedir nada más (bueno, faltaban los niños, pero por lo demás...)

paisajes de otoño

Por estas fechas aún tenemos la huerta a tope de producción, más que ningún año, no sé si será por el invernadero que nos hemos agenciado, o por el tiempo que hace, o por las dos cosas, pero todavía seguimos recogiendo tomates, berenjenas, calabacines, pimientos ... y si os digo la verdad estoy deseando que esta locura termine ya, porque al principio te hace ilusión empezar a freír y embotar tomate, a guardar pisto, a secar tomates cherry al sol y todo eso, pero llega un punto en que ya cansa un poco. Pero a pesar de ello no puedo dejar de hacerlo, porqué todo lo que ahora embote me ahorro tener que comprarlo más adelante.

Dip de paté de berenjena

Las berenjenas, de momento, son de las pocas cosas que no he embotado, pero tenemos muchas y hago con ellas este paté porque así gasto de golpe más que si las pongo a la plancha, rebozadas o rellenas y consigo que no se me estropeen, ya que dura unos cuantos días en el frigo.

Dip de paté de berenjena y comida campera

Este paté es el baba ganoush de los árabes, delicioso y fácil de hacer. Es ideal para picoteos, como entrante de una comida, o para completarla en caso de que haya sido ligera, como aperitivo, o para una cena un poco informal. ¡Todo un descubrimiento!, y yo desde luego, mientras siga teniendo berenjenas en la huerta, no dejaré de tener baba ganoush en mi cocina.

untando paté de berenjena
 
Os lo recomiendo además, porque siempre es más sano picotear con un paté vegetal, de este tipo, que con los patés de origen animal que solemos comer. En general comemos demasiados productos de origen animal, más de los que deberíamos, y esta es una manera deliciosa de reducir su consumo, con lo que de paso disminuiremos también la cantidad de sal que tomamos, pues ese tipo de productos generalmente llevan exceso de sal y de otros aditivos, sobre todo tipo nitratos. Así que por muchas razones, pero además porque está más que rico, no dejéis de probar este paté, ¿lo haréis, verdad?

Dip de paté de berenjena y comida campera


Ingredientes:

1 kg de berenjenas (más o menos 4 ó 5)
2 dientes de ajo
2 cucharadas (tbsp) de zumo de limón
3 cucharadas de tahín
100 ml de aceite de oliva virgen extra
sal
- lavamos las berenjenas y las partimos por la mitad longitudinalmente, añadimos sal por encima y las dejamos reposando unos 15 minutos para que suelten agua.
- eliminamos el agua con papel absorbente, o con un paño limpio, y las metemos boca arriba en el horno precalentado a 190ºC. Las dejamos durante 30 minutos, dándoles la vuelta más o menos a la mitad del tiempo, hasta que estén blandas. Si hace falta las dejamos en el horno un poco más.
- otra opción, en lugar de hacer lo del horno, es asarlas en una carmela o una parrilla al fuego, pero entonces no es necesario partirlas, sino que las ponemos directamente y según se van asando las vamos dando la vuelta hasta que se asen por completo
- después quitamos la piel a las berenjenas, y en el vaso de la batidora las mezclamos con el resto de ingredientes, el aceite, el tahín, los ajos, y el limón, salamos al gusto (yo eché algo menos de una cucharadita de sal) y batimos hasta que quede una crema fina.

Sugerencias y datos:

- el tahín es una pasta que se hace con semillas de sésamo, en mi caso usé una hecha con sésamo tostado, aunque también la hay de sésamo sin tostar. Es muy rica, y además es una fuente muy buena de calcio. Se encuentra fácilmente en herboristerías o tiendas de productos ecológicos, o en grandes superficies en la zona de productos eco
- podéis modificar esta receta añadiendo más o menos cantidad de ajo, según vuestro gusto, e incluso hay quien le añade un poco de comino o de pimentón
- si queréis conservar las berenjenas durante algunos días antes de consumirlas, no las metáis en el frigorífico, se conservan mejor a temperatura ambiente. Según Mc Gee, "el daño por enfriamiento interno produce pardeamiento y malos sabores en unos pocos días"

pisando hojas secas

martes, 14 de octubre de 2014

Conserva de calabacín, ¡de vuelta con el otoño!

No sé si os lo creeréis, pero estás semanas que he estado sin publicar ninguna receta no las tenía planeadas, y lo cierto es que me ha costado bastante volver a hacerlo. En teoría yo iba a haber seguido publicando durante el verano como si tal cosa, porque no me he ido de vacaciones a ningún sitio, y mi rutina, salvo por las vacaciones de los niños, se puede decir que apenas ha cambiado.


Pero se me ocurrió hacer algo que llevaba tiempo dando vueltas, y fue reformar la cocina. Y salvo un tabique de un armario de obra que tiró Óscar, el resto lo he hecho yo todo, desde lijar el suelo de tarima con una radial, repintar suelo y paredes, rematar la pared del tabique tirado, sanear las paredes del antiguo armario... y para colmo, llevo semanas a tope, embotando los productos de la huerta, así que como comprenderéis me ha sido imposible llegar a todo,  con lo cual, el blog, abandonado :( .

Y es que no sé que será, pero todos los años en el verano me entran ganas de hacer algún cambio en la casa. Es como una especie de síndrome del nido o algo así, cambios y mejoras en la casa antes de que el mal tiempo se eche encima y de que nos llegue el invierno. La casa-nido preparada para hibernar, ¡bueno, no tanto, pero casi!


Y una cosa me ha llevado a la otra, y es que esta tardanza en escribir en el blog también me ha hecho pensar un poco. Durante estas semanas sin publicar me he dado cuenta de que lo que empezó siendo simplemente una distracción se ha convertido casi en una obligación. Como si el hecho de no escribir una entrada semanal fuera una falta grave, y la verdad es que por esa obligación he dejado abandonadas otras aficiones que tengo de toda la vida.

Así que me he propuesto, con este nuevo año escolar, que para mi marca más el nuevo año que el mes de enero, que no voy a obligarme para escribir un post a la semana. Si surge, pues lo haré, pero lo que no voy a hacer es ir con prisas ni agobiarme si una semana no me ha salido bien una receta, unas fotos, o si simplemente no ha surgido la ocasión de hacer algo. Este blog como cualquier afición, es para disfrutar con él, y si de paso lo que yo cuento le gusta a alguien, pues de verdad que me alegro doblemente y que le agradezco en el alma que se pase por aquí.


Lo cierto es que esta "vida virtual" tiene muchas cosas buenas, para que negarlo, pero también ata mucho y si te dejas te quita mucha vida interior. Yo no tengo instagram, ni whatsapp, ni twitter, ni ese tipo de cosas. Tan sólo tengo un ordenador normal y corriente y un móvil que sólo me sirve para hablar, porque ni tiene internet, ni cámara ni nada. No me gusta estar todo el tiempo conectada a un aparato y depender tanto de él. Reconozco que en eso soy muy del siglo pasado, pero es que antes llamábamos a alguien por teléfono sólo para cosas muy concretas, y si comunicaba, o no estaba, volvías a llamar. Ahora con eso del whatsapp sabes hasta el último estornudo de tus contactos. Hay mucha información, pero la mayoría es superflua, y al final eso nos hace ser dependientes de los aparatos, y lo que es peor, nos roba tiempo. Y el tiempo, creo yo, que es un bien muy valioso para perderlo así. Aunque como nunca se puede asegurar que "de este agua no beberé", ni "este cura no es mi padre", yo tampoco puedo asegurar que con el tiempo no termine cayendo en esas cosas a las que ahora me resisto.


Algunas veces me han dicho que soy hiperactiva, y no sé si lo seré o no, lo que sí sé es que soy lo que siempre se ha dicho "mujer de de muchos oficios...", y lo cierto es que no quiero dejar de lado ninguno, porque disfruto con todos ellos.

Desde que tenía 13 años he estado tejiendo mis jerseys y chaquetas, a veces incluso he cosido mi propia ropa, tengo empezada una puntilla de bolillos, que dejé abandonada por miedo a que los niños me los enredasen y que algún día terminaré. En casa no hay un solo rincón dónde no haya algo hecho por mi, como las fundas del sofá, cortinas y estores, butacas restauradas y tapizadas por mi, fundas de edredones, mantas de sofá, hasta he hecho algún mueble estilo rústico, como un banco, un perchero, especieros y cosas así. Siempre estoy pensando y maquinando cosas para hacer, y no tengo tiempo material para todo lo que se pasa por mi cabeza. Si aún no os habéis pasado por mis tableros de pinterest (otro robatiempos increíble con el que a veces me permito disfrutar), podéis hacerlo y comprobar que la mayoría de mis pines son de todas estas aficiones que os he contado, y de alguna más.


Ahora por fin tengo una cocina en condiciones. Una cocina en la que me siento a gusto cocinando, comiendo, o simplemente estando en ella. Alonso hace los deberes allí mientras yo le ayudo, a la vez que preparo alguna cosilla, como la receta que os traigo hoy, o aprovecho a hacer un poco de ganchillo. Mi madre siempre dice que "el tiempo lo da Dios de balde", pero eso no quiere decir que tengamos que malgastarlo.

Lo mejor de todo es lo poco que he gastado en este supercambio, y aunque no tengo fotos del antes, que ni ganas de hacerlas tenía, lo cierto es que mi cocina ha cambiado, ¡y mucho!. Quitando un par de muebles nuevos, la mano de obra de la reforma no me ha costado más que parte de mi tiempo. No será mejor cocina del mundo, pero para mi es suficiente, ya que es limpia, cómoda y operativa, al contrario que la vieja, y eso que a todos los que la veían les encantaba, por su aspecto tan rústico.


He puesto un armario que si se enteran los de IKEA del uso que le he dado y el tuneado que le he hecho lo suben de precio. Es un armario ropero de puertas correderas, al que le he añadido más baldas y en el que tengo metido casi todo lo de mi cocina. Estoy encantada con él, es superfuncional.

Además he repintado un aparador que tenía, y me encanta el resultado, ¿qué os parece?


Así que ahora, desde mi nueva cocina, en la que estos días no paro de hacer conservas, os traigo una receta para que si tenéis calabacines de vuestra  huerta, o si los encontráis a buen precio, podáis embotarlos y usarlos cuando no dispongáis de ellos. ¡Es muy fácil de hacer!, su sabor me recuerda al del calabacín a la plancha, así que con eso ya os podéis hacer idea de lo rico que está.

Este año hemos tenido muchísimos calabacines en la huerta, de hecho todavía seguimos teniendo, y Óscar ha regalado un montón, hasta que le he dado el alto y le he dicho que ¡ni uno más!. Porque luego, en invierno, nos toca comprar calabacines para hacer purés, así que este año haremos los purés con conserva casera de calabacín, hasta que se nos acabe.

 
Y después de todo el rollazo que os he metido hoy, que debe ser para compensar por lo que no he escrito durante estas últimas semanas, os dejo con la elaboración de la conserva y con algunas fotos de mi patio tomadas estos primeros días de otoño, que ya nos dejan notar algo de frío por estas tierras.

Apuraremos los últimos rayos otoñales de sol como si se tratara de un tesoro, porque en cuanto estos días se nos vayan tendremos que esperar hasta el año que viene para poder disfrutar de nuevo de estar en el patio y de este solillo. ¡Aprovechad estos días para cargaros de la energía con la que poder pasar el frío y largo invierno, que poco a poco terminará por llegar! Y sobre todo, ¡sed felices y haced cosas que os hagan disfrutar! ;)

Ingredientes:

aceite de oliva virgen extra
calabacines
sal fina

- cubrimos el fondo de una cazuela con aceite de oliva, y cuando esté caliente, pero sin llegar a humear, añadimos sobre éste los calabacines, que previamente habremos lavado, pelado, y cortado en forma de cubos.
- dejamos que los calabacines se vayan haciendo poco a poco, añadimos la sal y tapamos la cazuela
- cuando los calabacines estén cocidos, destapamos para que se evapore parte del agua que han soltado; cuando nos parezca que apenas queda agua y que los calabacines están bien cocidos retiramos la cazuela del fuego
- este calabacín se puede consumir así, tal cual, pero si lo queremos embotar lo haremos en tarros que previamente habremos esterilizado, tal y como expliqué que debe hacerse con las conservas en la entrada de la salsa de tomate. Y una vez esterilizados los tarros los llenamos con el calabacín, en caliente, y los colocamos en una cazuela con agua a unos 80-90ºC, y sin tapar, para conseguir así, mediante este precalentamiento, que el aire atrapado entre el calabacín suba a la superficie. Introduciendo un cuchillo en el tarro podemos ayudar a que este aire salga, y en ese momento colocamos las tapas en los taros y procedemos a esterilizar la conserva
- como el calabacín no tiene un pH suficientemente ácido yo no me la juego, y los esterilizo en la olla a presión, porque la combinación de las temperaturas que se alcanzan con la sobrepresión, entre 110 y 120ºC, junto con un tiempo suficiente de esterilizado, me garantizan que las posibles esporas del botulismo, que son termorresistentes, desaparezcan.
- los tarros que yo he usado tienen una capacidad de unos 700 ml y los he tenido en la olla, desde que la válvula ha subido y se ha alcanzado la máxima presión, durante 30 minutos.
- después dejo que la olla pierda la presión por sí sola, la abro, saco los tarros y los dejo enfriar boca abajo para que el vacío se haga aún mejor
- recordad que es muy importante que los tarros no se enfríen en el agua que hemos empleado para esterilizarlos, sino fuera de ella, pues el intervalo de temperaturas entre 40 y 70ºC es muy peligroso, y cuanto más rápido sea el enfriamiento más segura será la conserva
- aun así, si antes de consumir una conserva tenemos dudas sobre su seguridad, podemos hervirla durante 10 minutos antes de consumirla, con lo que desaparecería el peligro.
- con esta conserva podremos preparar deliciosos purés de calabacín, simplemente añadiendo parte o todo el contenido del tarro junto con otros ingredientes de nuestra elección
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